6 trucos para vender más en tu restaurante

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Crónicas de una camarera Ya sabes que uno de los tres temas de este blog es la restauración. Y en la sección Crónicas de una camarera cuento anécdotas, vivencias y aprendizajes que he tenido trabajando en el sector. Algunas son  graciosas, y otras, como la de hoy, son … Sigue leyendo

6 ideas para que tu restaurante triunfe en San Valentín

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Actualidad – Eventos Ya dije en el post anterior que hoy habría ración doble de La Gastroredactora. En esta segunda entrada te doy ideas a ti, querido restaurador, que pueden servirte para aplicar en tu local durante San Valentín, que ya … Sigue leyendo

8 actividades de Gastrofestival que tienes que disfrutar

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Actualidad – Eventos Si hay algo que me gusta de Madrid es todo lo que tiene para hacer. No te puedes aburrir en esta ciudad porque la oferta cultural y de ocio es múltiple y durante todo el año. Y … Sigue leyendo

Cómo lograr diseños atractivos para compartir: Canva y Picktochart

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Gastrorredaccion y social media Querido restaurador, bloguero gastronómico, y en realidad, todo aquel que maneje contenidos en el mundo 2.0. El post de hoy complementa el que hice hace un tiempo sobre cómo mejorar tus fotografías gastronómicas (y las no gastronómicas … Sigue leyendo

Consejos básicos para el perfil de tu restaurante en Facebook

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Historias de gastronomía, redacción y comunicación ¡Atención! Post largo… Pero muy útil 😀 El otro día estaba buscando una información de un restaurante que quería visitar y me puse a mirar en sus redes sociales porque no ubicaba todos los datos … Sigue leyendo

Sobre solucionar problemas en tu negocio (y en todo lo demás)

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Crónicas de una camarera El otro día pasamos un apuro grandísimo en el restaurante en el que trabajo (el de mi chico el chef). El local está ubicado muy cerca del Palacio de los Deportes, aquí en Madrid, y había un concierto … Sigue leyendo

Los fogosos, los borrachos y los Capel

Historias de una camarera

Si es que cuando trabajas de cara al público puedes acumular un número infinito de historias. Te pasas el rato conociendo lo mejor y lo peor de nosotros, los seres humanos, mis clientes en el caso que me atañe, y no deja de sorprenderte la capacidad que tienen para sorprenderte con sus conductas, valga la redundancia. Aunque hay cosas que no son ni buenas ni malas, más bien (y sinceramente) van de lo patético a lo rocambolesco.

Los fogosos

Ellos fueron el origen de este post. Trabajo por las noches de camarera en un restaurante muy pequeño (el de mi novio, el chef), en el que la barra alcanza apenas los 20 metros cuadrados aproximadamente, y en la que por tanto si estoy un día yo sola con un par de clientes, todo se escucha…

Efectivamente esa noche solo tenía un par de comensales en una mesa del salón, la música a un volumen más bien bajo para que estuviesen a gusto y la barra vacía. Llegó una pareja y me pidió una infusión ella y una caña él, y se situaron en una de las dos mesas altas con sillas que están justo enfrente de la barra, a dos metros de distancia de mí.

La bebida ni siquiera la terminaron.

Él se sentó en una de las sillas, de espaldas a la pared y con las piernas abiertas, ella se metió entre medias y allí comenzaron el magreo. Y no te creas que se cortaban, no. Manos y brazos enredados por todos lados y las lenguas con su festín, lo se porque yo escuchaba hasta los chasquidos, por decirlo de alguna manera, y perdón por el grafismo pero es que si no, no expreso  con suficiente elocuencia la incomodidad que yo tenía con el dichoso momento teloquierocomertó.

Ellos seguían allí como si nada, como si en vez de estar en la barra de un restaurante estuviesen en su casa. O en la de ella, o en la de él, o la que les prestarían para sus cosas. Porque no creas que eran unos veinteañeros con las hormonas a millón (que así se entiende la cuestión), no, él rondaba los cincuenta y, y ella los cuarenta y, así que esto sonaba más a polvo extramarital o a recién divorciados que se acaban de conocer y quieren tener una aventura de aquí te pillo aquí te mato.

Y ya se que parezco una abuela cotilla, pero la culpa es de ellos por haber alterado mi tranquilidad y no dejarme hacer más nada con la incomodidad que tenía. En una situación como esta en mi tierra -que somos muy pintorescos nosotros- no faltaría alguien que desde el coche o desde la calle le gritaría para salir corriendo:

¡Ponele una casa!

o

¡Buscate un hotel mijo!

Total, que media hora después se fueron. Bebidas a la mitad. Y espero que efectivamente se hayan ido a casa o al hotel a desfogarse. ¿Por qué tengo que pasar por estos momentos? Para escribirlos después y ponerlos a parir, claro.

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(GIF: skyblue-heart.blogspot.com.es/)

Los borrachos

Estos clientes han representado para mí, a lo largo de todos estos años que llevo trabajando en hostelería en diferentes sitios, sentimientos ambivalentes y una cuestión bastante incómoda incluso a la hora de escribir sobre ellos. Porque me produce pena que las personas lleguemos a estados tan patéticos en un lugar público (y en algunos casos con mucha frecuencia), y no hablo de veinteañeros, que a esa edad yo perdí la cuenta de mis borracheras. Me refiero a gente madura, que al tiempo que me dan lástima por su dejarse ir respecto al alcohol, siempre termino queriéndolos matar. Y de normal no tengo instintos asesinos, pero ¿a quién no le sale la vena Chuki cuando por fin se larga el borracho que llegó sobrio al local, se pimpló una botella entera y te destrozó el adorno que tienes puesto en una mesa porque él quiso cumplir lo de “Dios escribe derecho en renglones torcidos” e iba en zigzag hasta tirar la mesa?

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(Imagen: Tringa.net)

Por no tocar el tema baños que no quiero, a ti que me lees, darte asquito. Solo un apunte: deberían crear un producto para colocar en ciertos momentos en los baños masculinos. Este consistiría en una especie de barandas puestas y apretadas justo a ambos lados del váter (inodoro, poceta) alargadas hasta casi la entrada del baño para que el especimen fuese en dirección recta, al llegar al lugar donde sus piernas tropezarían (con el váter) habría como un plato hondo de sopa con un hueco en el centro. Creo que así puede aumentar el porcentaje de que el líquido caiga donde tiene que caer y no donde yo lo tenga que limpiar después, agggghhh.

Voy a patentar la idea que está muy buena.

Y es que están los borrachos que con el zigzag van tropezándose con las sillas de las mesas del salón… ocupadas por personas comiendo (y yo detrás cuidando de que no pase esto); los borrachos que se ponen en la barra a discutir de política y a gritar porque tú eres de izquierdas y yo soy de derechas (y yo pidiéndoles que bajen la voz por favor); los borrachos abducidos por Sinatra y su Rat Pack que se ponen a cantar en grupo a todo pulmón en la mesa (y yo diciéndoles que bajen la voz por favor); los borrachos que van un momento al baño y se quedan allí, (y hay que pedirle a alguien que se asome para no encontrarse una con una chorra colgando por fuera, por favor); los borrachos que te aman porque eres su “camarera favorita” y quieren que bailes con ellos cuando tienes el local a reventar (y tu le contestas lo que sea con una sonrisa para quedar bien o los ignoras directamente, sin por favor); los borrachos a los que, llegado un punto, les tienes que decir amablemente “vete a casa porque no te pongo más alcohol”. Etc, etc, etc y miles de etcéteras.

Permíteme en este instante el vocabulario soez: Qué coñazo de gente.

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Los Capel

Estos son los más divertidos de mi catálogo exótico de hoy. Si no lo sabes, José Carlos Capel es uno de los críticos gastronómicos con más prestigio de España, en el mundo de la restauración es muy importante lo que él dice, por eso el nombre de estos clientes. Aunque aquí tengo que decir que quizás me equivoqué y deberían llamarse los Top Chef, los Chicote o los Jordi Cruz, porque creo que en esto ha influido muchísimo el boom de los programas gastronómicos de la tele. Si no, cómo se explica que hace un tiempo, en una mesa que tuvimos con un grupo grande de chicos de 20-30 años, uno de ellos le dijera al final a mi novio (el chef):

“Todo muy rico, una explosión de sabores en la boca”.

¡¿Cómo???!!!!

Aquí también entran los que van por primera vez al restaurante (o sea, no los conozco de nada) y al terminar el plato me dicen, con cara de infinita sapiencia, que ha estado muy bueno pero que él lo prepararía, en vez de con esa salsa, con…. Y aquí te dan gustosos su receta completamente distinta pero que según ellos quedaría mucho mejor. Chico, háztela en tu casa y si te queda rica me traes un táper que a mí ni siquiera me gusta cocinar.

Y por supuesto, están los que, a semejanza del primer ejemplo, vienen y luego redactan toda una disertación en Tripadvisor, Yelp o ElTenedor (y aquí podría extenderme infinitamente contando las cosas que he leído opinando acerca de los diferentes restaurantes en los que he trabajado) sobre lo que se han comido con frases rebuscadas en plan “a los postres les falta carácter”, “en boca le faltaba fuerza”, “toda una armonía de sabores resultante”… Tío ¿no ves que eso es público y te leen? ¿y se ríen (me río) de ti?

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(GIF: alwaysgif.tumblr.com/)

Las veces que he leído a Capel no lo he encontrado tan afectado…

De todas maneras, El Comidista (que me encanta) ya se encargó de realizar un extenso análisis de este tipo de clientes aquí.

Y si, lo reconozco, mi álter ego la camarera de esta sección del blog me sirve para sacar toda mi mala leche. Y que a gusto me quedo.

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“Estamos en el negocio de la felicidad”

Eventos

Decidí comenzar con esta afirmación y ponerla como título puesto que nunca me lo había planteado de ese modo tan claro y me llamó la atención. Se refiere a la restauración en general, a que si trabajamos en un restaurante o hotel nos dedicamos a provocar la felicidad en la gente con las experiencias que viven, y por eso es tan importante conectar con el cliente. El aserto no es mío (ya me gustaría) es de Domènec Biosca, experto en gestión hostelera, presidente de Educatur y de la Asociación Expertos en Empresas Turísticas y un agudo conferenciante.

Lo escuché hablar hace un mes en un evento al que asistí. El encuentro se llamaba Road Show y lo organizó Barra de Ideas, ya los mencioné en un post que hice sobre otra de las charlas.

Biosca es un señor de fino humor y muchas tablas hablando en público, autor de más de 30 libros de gestión hotelera y con años de experiencia a cuestas. Su exposición se centró en Los 7 factores de éxito en los restaurantes, aunque en la medida que lo escuchaba y anotaba veía muchas más que siete ideas a tomar en cuenta por cualquier hostelero a la hora de gestionar su negocio.

Os cuento un resumen de los principios que expuso y que me parecieron más relevantes…

El cliente.

Habló de los cambios que se han producido en el cliente actual, un sujeto con características nuevas debido principalmente a los cambios tecnológicos. El consumidor o usuario ahora es infiel, egoísta, pasa de las marcas, le gusta probar, exige su talla, exige que le recuerden su talla, es  más cómodo, compra desde casa.

También -y lógicamente- está más informado, y como tiene más información puede escoger, y criticar, y con ello hundir o salvar un negocio. El cliente actual se enamora de lo que es distinto, y su juicio de calidad va en relación con sus expectativas.

Pero sobre todo paga para ser feliz.

Tweet: “El cliente paga para ser feliz” @dbiosca

Por ello es elemental conocerlo, interesarse por él, porque muchos empresarios se enamoran de su producto y se olvidan del cliente. En este sentido los empleados de un restaurante son su mejor marca, por eso deben estar preparados y no ser meros transportistas de platos; en este punto Biosca puso un ejemplo, si el cliente pregunta por un detalle de la carta no vale el “voy a preguntar en cocina”, el camarero debe saber ya y debe argumentar.

El restaurador debe lograr que su personal se implique y responsabilice por su trabajo, que no culpe a los clientes por lo que suceda, ni utilice el manido “es que” para excusarse.

Vender.

Preguntó ¿qué es vender? y respondió: vender es tentar, tentar y tentar. Provocar la necesidad en el cliente, “no hay que preguntar nunca, siempre hay que tentar. Cuando se tienta al cliente la facturación aumenta, si en vez de ofrecer la carta de postres o preguntar si quieren comer postre directamente se les trae el carro de dulces, los números se incrementan en un 17%”. (Aquí añado un comentario personal, a mí no me gustan los carritos de postres, prefiero que me tienten explicándome los platos porque los carritos me dan la percepción de dulces industriales, pero esta es mi opinión).

Domènec agregó que los clientes deben conocer los platos para poder escoger.

En cuanto al marketing, aseguró que en un negocio tienen la misma importancia el community manager y los demás cargos ya que hay que ser mediático, y comentó que se puede saber mediante la tecnología lo que le gusta a los clientes, incluso en tiempo real. “No hay que trabajar para el cliente, sino con el cliente”.

La felicidad.

Enfatizó una y otra vez sobre el negocio de la felicidad. Las personas pagan en los restaurantes o en los hoteles por momentos de felicidad, tanto, que asegura que si un cliente visita en un tiempo corto tres hoteles distintos, recordará al que lo haya mimado más. Por eso es tan importante que los empleados dejen de serlo para convertirse en anfitriones vendedores que conozcan las medidas de sus clientes, “que no me traten como un desconocido cada vez. Por eso hay quienes venden la misma Coca Cola y uno está lleno y el otro no. Porque tienen la emisora de los clientes”.

Porque lo importante no es que el cliente vaya sino que repita. Y esto se logra dándoles buenos momentos, “hoy la obligación es ser feliz”.

Finalizo con unan frase que dijo y que me gustó mucho:

Tweet: “Hagan lo que les de la gana pero sean felices porque están en el negocio de la felicidad” @dbiosca

domenech biosca en road show, barra de ideas

Domènec Biosca. Imagen: http://www.barradeideas.com